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jueves, 27 de septiembre de 2012

La Matlasihua


A Efrén le gustaba mucho las mujeres, no le importaba que fueran feas, guapas, gorda, altas o chaparras, viudas, solteras o casadas, para Efrén, todas las mujeres eran iguales.
Él era alto, medio güero y barboso, cargaba un bigote espeso bien recortado, era medio briago el indio de la sierra, venía de un lugar donde el gozo del hombre es tener muchas mujeres, mezcales por garrafas y valor de enfrentarse a la muerte como los verdaderos hombres, no en balde eran varones.
Cuando el dinero le fallaba, lo solucionaba vendiendo ganado de su padre, al fin que su papá tenía cientos de ganado regados por todo el “Cerro Siete”, tanto ganado tenía el viejo que ni él mismo sabía cuánto era.
Su padre era un viejo curtido en el rudo trabajo de la ganadería, cuando veía a su hijo en  problemas de faldas  le decía con un tono sentencioso: “algún día Efrén, Dios te va a castigar por engañar a las mujeres”, ya ves que por ese vicio nunca estás en casa ni atiendes tu trabajo, pero un día de éstos, te vas a llevar una terrible experiencia, ya ves que te vas de noche y regresas ya de madrugada.
“Ya mero voy a dejar de ser querendón con las mujeres, pues por algo soy varón ¿no papá?, decía Efrén riéndose de su padre, luego se salía corriendo de la casa dejando a su padre hablando solo.
***
Una madrugada lluviosa, a eso de las tres de la mañana, los peones de la hacienda del Cerro Siete despertaron por unos gritos espantosos, los peones asustados fueron a despertar al patrón, el viejo al oír los gritos dijo preocupado:
-  Ese grito es de ese mal nacido de Efrén, ojalá que no lo hayan macheteado por allí… vamos a buscarlo
Todos salieron con hachones de ocotes encendidos para buscar al enamorado, buscaron en todo el llano sin encontrar al joven perdido, entonces subieron al cerro, al llegar a un paraje abrupto, allí notaron que los gritos provenían de un alto peñasco saturado de espinos y magueyales, los hombres más bravos subieron a duras penas al agresivo peñasco y cuando lograron llegar a la cima, encontraron a Efrén completamente desnudo y cubierto de profundas heridas sangrantes, como si un tigre lo hubiera acariciado en todo el cuerpo con sus garras.
Noventa días estuvo Efrén  como enloquecido y después de su lento restablecimiento, éste cambio radicalmente sus costumbres, de noche no podía ni salir a la esquina de su casa, pues le daba miedo toparse con aquella hermosa mujer, con quien se topó en aquella aciaga noche, que con hechizos y engaños se lo llevó en aquel peñasco que en ese momento de gozo Efrén creyó que era un hermoso jardín de suave césped donde se revolcó con aquella hermosa mujer disfrutando de un amor terrible y salvaje.
Después que las aguas volvieran a su cauce y la ansiedad de Efrén se calmó, fue cuando se percató de que aquellas finas y suaves manos de su amada eran pezuñas de cabra bien afiladas, que en cada caricia que le prodigaba la carne se le abría, haciéndole lanzar aquellos aterradores gritos.
Fue la Matlasihua la que te llevó, le reprochó su padre, por eso yo te recomendaba que no anduvieras a altas horas de la noche por el cerro.
Con aquella experiencia a Efrén Lozano no le quedaron ganas de andar enamorando mujeres, ni siquiera quiso acercarse a sus consentidas que vivían cerca de su casa, por el temor de que fuera una Matlasihua disfrazada. 

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